Acerca del Acompañamiento Terapéutico

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Autor:

  • Sandra B. Sarbia – psicóloga.

¿Qué es el Acompañamiento Terapéutico?
En principio, y como indica la palabra compuesta que lo nombra, encontramos la adjetivación que modifica aquello que podría ser “acompañar”. Y que sea “terapéutico” nos pone en la pista que no se trata sólamente de un acompañamiento.
Esto nos introduce en el campo de alguna terapéutica posible.
Intentando una aproximación a ello, podría decir que se trata de una práctica a ser articulada en la estrategia de un tratamiento.
Práctica que en nuestro país comenzó a fines de la década del 60, como herramienta para acompañar diferentes procesos terapéuticos que ofrecían dificultades. En aquel momento la denominación era “amigo calificado”, lo que permitía pensar que no se trataba sólo de un amigo.
Surge, como recurso, de la intersección entre la Psiquiatría y el Psicoanálisis, al mismo tiempo que de sus bordes (como límite del saber que éstos recortan y del dispositivo del consultorio). Es desde estos saberes y otros desde donde actualmente se recibe la demanda del rol del acompañante terapéutico.
Representa entonces una práctica que surge con relación a la atención de casos de pacientes denominados “límite”, así como respecto del límite que ofrecen los tratamientos convencionales frente a determinados casos de difícil abordaje.
¿Cuándo es necesario un Acompañamiento Terapéutico?
El acompañante terapéutico, en sus funciones, responde haciendo espacio a aquello que queda por fuera de los límites del consultorio. Su lugar se aproxima al de un semejante que escucha y ofrece contención a lo que excede en un tratamiento, a lo que el tiempo de una sesión no puede dar lugar.
Acompaña al paciente en los avatares de un tratamiento ambulatorio. Tratamiento que, de alguna manera está presentándose con importantes dificultades que amenazan su continuidad, allí cuando la transferencia opera impidiendo el trabajo terapéutico.
Representa así, un recurso alternativo que en muchos casos puede favorecer la continuidad del tratamiento.
En algunos casos el dispositivo de Acompañamiento Terapéutico ofrece una alternativa frente a una internación psiquiátrica, evitando así los efectos de cronificación que ésta puede tener sobre un sujeto. Frente a esto se suele implementar una internación domiciliaria, acompañando al paciente a atravesar cierta situación de crisis, pero sin que éste sufra el desprendimiento que implica el abandono de sus cosas.
Acompaña también procesos de transición hacia una externación favoreciendo una adecuada reinclusión en el medio familiar. Reinclusión que en algunos casos resulta difícil de hacer para un paciente, sin un lazo que enlace ambas situaciones (internación y externación)
Así mismo participa en procesos de reinserción laboral, educativa, social, recreativa, etc., que sean necesarios transitar para un paciente, en alguna situación o momento particular de su vida.

Considero que la implementación del dispositivo de acompañamiento terapéutico debe, necesariamente, estar articulada a la estrategia de un tratamiento para que su labor pueda resultar en una terapéutica posible. Estrategia que es pensada por el profesional que conduce el tratamiento que implementará el dispositivo de Acompañamiento Terapéutico.
El Acompañamiento Terapéutico representa entonces, un recurso alternativo en pos de una estrategia de trabajo.
Por esto destaco que la función debe ser pensada caso por caso, teniendo en cuenta la singularidad que allí se presente. Según el paciente y más particularmente la situación que esté atravesando al momento de la implementación del dispositivo.

Fonte:

http://www.proyectopsi.com/publico/publ_005.htm

Artigo publicado no “Site AT” em 20/06/2002.

Supervisão em AT.

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